El tren de los escobazos


Qué difícil es encontrar una crítica a Luis Ripoll, un autor gaditano, gaditano, de lo más sencillo que se pueda encontrar en el mundo del carnaval, con lo difícil que es hacer las cosas sencillas y más en este concurso.

1996 fue el año en que Ares se llevaba el primero con la Trinchera, seguido de El viejo refranero, Los quijotes del sur y Grumetes gaditanos.

Cuando en Diario de Cádiz le preguntan a Ripoll con qué se queda de todo su curriculum carnavalero, él responde: «Por encima de todo, mi pasodoble a la Cruz Verde, de la comparsa ‘El tren de los escobazos’. Mi niñez transcurrió en aquella plaza. Todos los pasodobles míos que se recuerdan están relacionados con cosas concretas de mi vida.»

Y si alguien aún no lo ha escuchado espero que disfrute tanto como yo:

Mi recuerdo no se pierde
por mi Plaza la Cruz Verde
donde quedó mi memoria
también mi primera novia
y mis amigos de siempre.
Antesala de la Viña,
fiel testigo de mis riñas
muchas alpargatas rotas,
muchos juegos de pelota
y los ojos de una niña.
Pasodobles en la acera
bocadillos de manteca
o de sardinas arenques
en un almacén cualquiera,
Casa Lucas, Gavilán y La Viñera,
Callejones de Cardoso,
casa puerta de mi casa,
un balcón donde mi madre me miraba
por detrás de la persiana
comprobando que pasaba.
En tiempos de carnavales
cruzaba la calle entre serpentinas
mezclándome con las notas
que las chirigotas lanzaban al viento
en tus cinco esquinas.
Con el paso de los años
te quise escribir,
me acordare siempre,
calle San Vicente
mi primera guerra con Antoñito Martín.
Los cuplés de Agüillo que aqui escribía,
suenan todavia,
Plaza la Cruz Verde,
me acuerdo de ti.